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#VonBeauty: Por Algo Son Expertos

Una serie de eventos desafortunados te pueden llevar al peor pelo de tu vida, por lo menos ese fue mi caso. Hace ya algunos años atrás me volví completamente obsesiva del pelo, tanto para mi persona como para los shoots que durante años he hecho. Pregúntele a cualquier hair-stylist que ha trabajado conmigo, literalmente, soy un pain. También con los estilistas y coloristas a los que les he confiado mi pelo por años.

Creo que todo empezó hace muchas, muchas lunas atrás, mi pelo ha sido causa de millones de traumas y malas experiencias. ¿El gran problema? MI PELO NO SE PEINA, NUNCA. Desde que tengo uso de razón y por lo que mis papás me han contado, desde chiquitita he sido una niña despeinada. Era todo un issue, me acuerdo que en las mañanas entraba al cuarto de mi mamá a que me peinara para ir a la escuela, me ponía unos moños divinos, pero a las dos horas la magia desaparecía, tan dramático como la Cenicienta. Los años pasaron y obviamente mi mamá me dejó de peinar en las mañanas así que no tenía más remedio que hacer lo que podía.

Todavía me acuerdo que en secundaria y prepa la directora entraba al salón todos los días con un bote de gel y un cepillo denigrante y mandaba a peinar a todos los que traían matas. La única persona a la que mandaban peinar era a mí. Seguramente para ese entonces me gané una fama de fodonga, o por lo menos mi mente bully es lo que me decía. No les voy a exagerar, pero cuando regresaba toda cabizbaja del baño, mi “peinado” volvía a su estado permanente y naturalmente diario me enfrentaba con regaños de “higiene personal” (brother, aunque me bañe seis veces al día así va a ser este trip, yo pensaba). Por cierto, olvidé mencionarles la joya de que siendo muy chamaca mi mamá optaba por el corte de honguito, thanks mom, el trauma prevalece.

Curiosamente eso que odiaba de teenager, se volvió un sello de mi estilo personal. Muchas veces mi ex jefa de una revista en la que trabajé me decía “eres a la única persona a la que le permito esos pelos, conozco a muy poca gente que le queda”. Y sí, hoy es parte esencial de cómo me presento al mundo y me gusta (casi siempre), pero seguramente se preguntarán ¿cómo llegaste a tu peor pelo?

Bueno, como segundo trauma tengo el de querer ser güera y en invierno me entra el obsesionarme con ser casi platina. Mi tercer trauma, sentir que mi colorista me “castiga” el güero y no quiere llegar a los niveles que yo quiero.

 

Primer error: hace tres o cuatro semanas me encuentro con Humbi el colorista con el que llevo trabajando por años y le dije, “ya en buen plan quiero ¡¡GÜEEROOOO!!”.  Trató de hacerme entrar en razón lo debo de reconocer, “tenemos muy poco tiempo y tu tinte ahorita no está preparado para llegar a esos niveles tan altos” (pueden notar que tomo este tema MUY en serio, lo discuto como si fuera ciencia espacial). Pero no hice caso, le neceé y hoy me encuentro con un tono naranjito y amarillo pollo con el que me quiero morir.

Segundo: me corté el fleco yo solita para que no me tapara los ojos, todavía tuve los pantalones de añadir un poco de capitas para darle textura. Who am I?

Tercero: dejé de usar el shampoo azul recomendado para casos como el mío y el problema sigue semi-vigente, ya lo volví a retomar, tampoco estoy tan loca.

 

¿A qué voy con todo esto? Simplemente quiero compartir con ustedes la moraleja de esta historia, y por lo que les hice chutarse todos mis traumas es para que aprendan con mi mala experiencia a siempre acudir y hacer caso a los verdaderos expertos, ellos saben mejor. SIEMPRE.

 

– Dani (@dvonwobeser)

 

Imagen destacada: Ouai Haircare 

 

 Jamize Olawale Jersey

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