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#AlltheSingleBeauties: El Síndrome de Disney

Todas (o casi todas) tenemos una princesa favorita. La mia por mucho tiempo fue La Sirenita, podía ver la película una y otra vez y tengo que confesar que varias veces me imaginé bailando con el príncipe Eric. Años después, ya que la vi de adolescente pasaron dos preguntas por mi cabeza: si no puede hablar ¿por qué no le escribe y le dice que ella lo rescató? Y ¿cómo que se casa a los 16 años? Por si no se acuerdan, Ariel tenía solo 16 años cuando se convirtió en humana y se fue con el príncipe. Pensar en otras historias es todavía más drástico, la Bella Durmiente o Blancanieves solo despiertan de sus sueños con el beso del Príncipe Azul y Cenicienta salió de su encierro cuando el príncipe se enamoró de ella. Después hubo unas princesas que se revelaron como Jazmín o Mulan pero desde el principio las familias querían que se casaran y debían hacerlo a cierta edad.

No faltan los que dicen que tomarse esto enserio es exageración, que solo son películas, pero si desde que tienes uso de memoria los cuentos te enseñan que la máxima meta es casarte es normal que pienses que la boda es el final feliz.

Claro que me encantó la nueva versión de la Bella y la Bestia, pero no puedo creer que el mensaje sigue siendo el mismo. La vida no se acaba en “Y vivieron felices para siempre”. Y pensar que la única manera de ser feliz es tener un hombre a tu lado me parece patético.
Otros valores que promueven estas historias son: las princesas tienen que ser bonitas, portarse bien y no cuestionar sus situaciones ni lo que se espera de ellas, pues es la única manera para conseguir a ese Príncipe Azul. No tengo nada en contra de querer verte mejor, arreglarte y sentirte divina, pero esta historia que perpetúan después las Telenovelas en donde por lo general la pobre protagonista no sale de su miseria hasta que el hombre rico la rescata no debería de ser.

Creo que Disney no lo hizo tan mal en El Sapo y la Princesa, (salvo por los estereotipos raciales) Tiana trabajaba por su sueño de tener el mejor restaurante de la ciudad y en el camino se topó con el sapo que se convirtió en su príncipe. O en Valiente Mérida se revela cuando sus papás deciden que debe casarse. Esto me da un poco de esperanza, pensar que las nuevas generaciones no van a tener estereotipos tan marcados y van a tener modelos a seguir mucho más diversos que los que tuvimos nosotras y nuestras mamás.

No estoy diciendo que nadie debe casarse ni creer en el amor, pero creo que deberíamos de enseñarles a las niñas que no necesiten un príncipe que las salve, que pueden ser todo lo que quieran ser, viajar, estudiar, experimentar, crecer, volver a empezar, trabajar, sentir lo que se siente ser autosuficiente y después ya que se conozcan y estén seguras de lo que quieran hacer, entonces si decidir con quién pasar el resto de su vida.
Cada vez las mujeres vamos teniendo más oportunidades, más que nuestras mamás y nuestras abuelas. Por muy triste que suene muchas mujeres de otras generaciones duraron años y años de casadas no por vivir en un tiempo que como dicen “cuando algo ya no servía lo arreglábamos y no lo tirábamos a la basura”, si no porque ¿qué iban a hacer si dejaban a ese hombre al que tanto tiempo habían soñado? ¿si el único logro que tenían era ser la esposa de…?

Y afortunadamente ya no tiene que ser así, ahora está en nuestras manos que nuestras hermanas, primas, hijas o ahijadas tengan un mundo abierto de posibilidades para hacer preguntas y tener experiencias, que sepan que no tienen que buscar encerrarse en un castillo para ser felices y que pueden tomar el camino que quieran para llegar a sus metas. ¿Ustedes que opinan beauties? ¿En qué se parecen a su princesa favorita?

Les mando muchos besos y nos vemos pronto.
Andrea.

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