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#BellezaEstratégica: Las Preguntas Incómodas

¿Cuántas veces no hemos metido la pata, -o hasta las cuatro- al preguntar algo que no debíamos? No sé si a ustedes les pasa, pero cuando me aviento un oso por andar diciendo cosas que no debo, hasta me duele el estómago y me juzgo horrible durante horas.

Típico que te encuentras a una panzoncita y le preguntas “¿estás embarazada?”, es una pregunta inofensiva, claro. A menos que te contesten “no, parí hace un año” o “no, lo que pasa es que dejé de fumar y subí de peso”. ¡Auch! Se siente feo, y se siente feo porque sabemos que de cierta manera hicimos sentir mal a esta persona, que les puedo asegurar, sabe perfectamente que está panzona.

Hace algunos años un amigo me dijo algo muy sabio: “Cada vez que abres la boca, tienes dos opciones, construir o destruir con tus palabras”. Las personas por lo general no se acuerdan de lo que decimos ni de lo que hacemos. De lo que sí se acuerdan, se los garantizo, es de la forma en que las hacemos sentir al estar cerca de nosotros. Por eso es tan importante pensar antes de hablar y tener claro si nuestro objetivo es construir o destruir con lo que vamos a decir.

Ahí les van los temas escabrosos con los que hay que tener cuidado:

 

Si alguien ha subido de peso o perdido mucho pelo: Créanme, no lo tienen que preguntar ni hacérselo notar a nadie. Los que engordan y los que se están quedando calvos lo saben perfectamente, no les van a revelar ningún secreto y sólo los van a hacer pasar por un momento incómodo.

• Preguntar sobre la edad, mencionar signos de envejecimiento, como arrugas, canas, o el típico: “te pusiste botox ¿verdad chula?”: Obvio si es alguien de confianza y se lo dicen en privado, ¡no pasa nada! El tema es hacerlo gritando a medio restaurante y enfrente de 10 personas logrando que parezca que tenemos una intención oculta de dejar a nuestra “chula”
en ridículo.

 

Podría desplegar una lista eterna de todos los temas que pueden ser incómodos para la gente como la religión, política, orientación sexual, estado civil y miles más. Y la verdad es que todo depende cómo preguntemos las cosas.

Para distinguir cuando decimos algo que puede herir susceptibilidades o caer mal, es generalmente cuando estamos preguntando algo que es evidente. Seguro han escuchado la frase “lo que se ve, no se pregunta” o cuando estamos incluyendo un juicio de valor en nuestra pregunta o comentario; por ejemplo: “te ves muy mal, ¿estás enferma?”. Generalmente, las personas que hacen preguntas o comentarios imprudentes muy seguido, tienen uno de estos motivos: o no tienen filtro cuando hablan, o están expresando su frustración por un tema personal.

Supongo que todas conocen a la típica persona que le gusta hacer sentir mal a los demás para así bajarlos un escalón y sobresalir ellas. ¿Cierto? Cuando nosotras somos las receptoras de preguntas o comentarios incómodos, de esos que sentimos como gancho al hígado, lo mejor que podemos hacer para vernos listas y manejar la situación, es contestar con otra pregunta. Por ejemplo, si alguien nos dice “¿estás contenta en tu trabajo? porque la verdad como que no te veo tan feliz”. La pregunta es inofensiva, lo que no está tan padre es el juicio de valor que le sigue. A esto, se le puede contestar con un simple “¿por qué no me ves tan feliz?” o un “¿qué te hace pensar eso?”.

En fin, piénsenle en todas las formas que pueden devolver estas navajas que a veces la gente nos lanza. Cada quien en el fondo, sabemos quienes son esas personitas a veces tóxicas o no muy listas que voluntaria o involuntariamente nos quieren hacer sentir mal con sus comentarios o preguntas. Y mis lectoras, si quieren ser líderes, tener amigos y/o ser queridas en la vida, intenten siempre
construir con las palabras que salen de su boca. La forma más fácil de hacer sentir bien a alguien es haciéndole un cumplido sincero, de lo que sea, pero que sea sincero. Usen este tip a su favor
siempre que quieran bajarle la guardia o el mal humor a alguien.

¡Hasta el próximo mes!

– Mireya (@mireya__mb)

 

Imagen destacada: Glamour UK 

Comentarios

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Luz Ma. says

Hola, me gusto el post, en general hay poca consciencia del impacto que tienen las palabras sobre los demás, dicen la psicología que por palabras nos enfermamos y por medio de palabras nos curamos. Es poderoso lo que sale de nuestros labios.